El AutoMix de Apple Music y la TikTokificación de la música
La conversión de la app de streaming musical en DJ todopoderoso podría acabar por eliminar aquello que más especial hace a tus canciones favoritas.
Fue hace ya varios meses, en verano, cuando Apple lanzó la nueva función AutoMix para su app de Música en iPhone. No recuerdo si la app me preguntó si quería activarlo o lo hizo por sí sola. El caso es que durante los primeros días me sorprendió bastante y me pareció un efecto muy guay.
De por sí, soy positivo en cuanto a las nuevas funciones que van incluyendo las apps de streaming, como Spotify, ya que sus algoritmos de recomendación suelen facilitarme el descubrir nuevos artistas.
Lo que no quita que cuando saben que te gusta una canción, no paran de repetírtela cada vez que estás en modo aleatorio, pudiendo llegar a causar un fenómeno similar al de la cámara de eco en Twitter, en versión sónica. Y también es verdad que las repentinas invasiones de tus auriculares que comete alguna canción popular de vez en cuando (véase el Espresso de Sabrina Carpenter hace unos meses) le hace pensar a uno en las teorías más conspirativas sobre el funcionamiento de estos algoritmos.
Pero dicho todo eso, como digo, la llegada del AutoMix me gustó mucho al principio. AutoMix consiste en que Apple Music mezcla de forma inteligente las canciones de forma que no haya pausas entre una y otra, transformando los BPM (la velocidad) y solapando las voces o equilibrando tonalidades para generar una transición que bien podría hacer un DJ humano.
Pero esta primera impresión de tener a un mezclador profesional dentro de mi teléfono durante las primeras semanas acabó en un aborrecimiento total, y terminé por deshabilitar la funcionalidad por completo.
Sin caer en catastrofismos, ni echar por tierra tampoco esta nueva tecnología que desde luego resulta prometedora, vamos a explorar un poco cuáles pueden ser los lados negativos de esta función que también llegó a Spotify este verano.
Destierro del silencio: de TikTok a tu reproductor
El objetivo de AutoMix pasa por erradicar por completo el silencio (que por otra parte no llega a apenas unos segundos) entre canción y canción. Aunque la pausa entre canción y canción es de por sí muy breve, hay que tener en cuenta que muchos temas acaban con un fade out, o bien un eco final u otro tipo de efecto de cierre que puede conllevar cierta intencionalidad por parte del artista, de manera que se use un espacio de silencio o de disminución de volumen para cerrar la canción. Por ello, el silencio sí suele ocupar un papel más o menos importante al final de las canciones que escuchamos.
Este silencio o corte es erradicado por completo por AutoMix, con el que “el principio y el final de las canciones se fusionan sin interrupciones”, como se lee en los Ajustes del iPhone.
De todas formas, no hay que ser especialmente dramático con esto ya que, al fin y al cabo, si nos ponemos una sesión de streaming de música es, precisamente, porque queremos escuchar algo y no nos interesa parar sino, por el contrario, dejarnos llevar por el flow. Además, también hay que reconocer la decisión de Apple de no aplicar AutoMix cuando estemos escuchando un álbum en orden, respetando así toda la visión original del artista al componer el disco.
No obstante, en el resto de casos, esta ausencia total de interrupción de ningún tipo no hace más de parecerme un acercamiento de las apps de música a la fórmula TikTok, en la que un feed infinito no deja de reproducir vídeos uno detrás de otro. Es cierto que el streaming musical en los modos aleatorio, modo emisora en Apple o cualquier otro tipo de reproducción automática ya se parece de por sí al consumo en TikTok, pero con AutoMix, esta semejanza se torna más evidente.
Cuanto más nos conocen los algoritmos, más capaces son de transportarnos y elevarnos a ese estado de embriaguez por estimulación con el que tanto nos gusta evadirnos, y también mejor se les da impedir que salgamos del trance.
Extinción de las outros, hegemonía del estribillo
Aparte de este paralelismo con TikTok, el otro tema peliagudo del AutoMix es que, en ocasiones, la transición comienza a producirse, a mi juicio, bastante temprano en la canción.
Esto implica varias cosas. Por un lado, se rompe por completo la magia que puede tener el outro (el cierre) de una canción, que puede salirse del esquema pop habitual y hacer algún tipo de tercer verso distinto o puente final en el que la forma de la que se despide la canción tiene mucha importancia. De hecho, puede ser lo mejor del tema, como ocurre por ejemplo en la canción Trouble Paradise de la artista de electropop Slayyyter, donde la canción acaba por todo lo alto con un enorme puente que no deja de venirse arriba en un increíble subidón, justo al final del tema.
El AutoMix de Apple, que tampoco es que añada una gran creatividad a la mezcla sino que simplemente consiste en un fade out y fade in cruzados entre temas con tonalidades compatibles, rompe por completo la magia de esta u otras canciones con la misma estructura, eliminando la outro. Hay muchas canciones que simplemente acaban con un fade out en un estribillo repetido, en cuyo caso AutoMix poco daño inflige, pero en aquellas que sí toman decisiones creativas determinadas con el cierre de la canción, AutoMix impide disfrutar de ese viaje sonoro pensado con un final en mente.
Y es que esas transiciones a veces acaban funcionando como rampa mecánica que nos va moviendo entre estribillos de canciones, que son la parte más icónica y fundamental de la música contemporánea, manteniéndonos siempre arriba. El estribillo suele ser la parte más explosiva, con volumen más alto y con la letra más reconocible. Para qué acarrear con los segundos de verso aburrido cuando podemos llevar al oyente directamente a la parte que importa, el estribillo.
Una de las críticas más habituales que se suele hacer a la música moderna es que el estribillo es lo único que importa, y por tanto, los propios artistas se permiten ponerle mucho menos mimo y creatividad a los versos porque son parte prescindible; un mero trámite para llegar al estribillo, esos pocos segundos que se harán virales en TikTok.
Una anécdota curiosa son estas declaraciones de Charli XCX en 2017, cuando contó que, en una sesión con el productor e integrante de The Black Eyed Peas will.i.am, el artista le aconsejaba que simplemente dijera “palabras aleatorias” en los versos, porque de todos modos, nadie los escucha.
Probablemente estoy siendo algo exagerado: el AutoMix sí te permite escuchar los versos de las canciones. No obstante, el hecho de que te saque de una canción sin que haya terminado, y te meta en otra ya empezada, parece ir en esa línea en la que los contornos de una canción no importa tanto porque hay que ir a donde está la salsa: al medio, a los estribilllos, pese a que el artista se haya currado un cierre original, o que otro haya usado los primeros segundos de la canción para evocarte un mood mediante unos golpes de bombo inusuales, que pasan a ser homogeneizados y apisonados por la fórmula impersonal de la transición mecánica.
Las canciones, a día de hoy, ya han reducido su duración de los tres minutos y medio a los 2/2 minutos y medio. Si a esto le sumas una pasada de tijera al inicio y al final, ¿cuántos segundos de canción te quedan? Según comenta el reviewer tecnológico Guille Lomener, la transición puede llegar a empeza
Ojo, hay dos funciones distintas. AutoMix y Crossfade (Fundido), la segunda más sencilla, consistente simplemente en una transición a nivel de volumen, y el iPhone te permite elegir la cantidad de segundos que quieres saltarte del final, pudiendo llegar a 12 segundos o apenas uno solo.
Todo ello me hace pensar en cómo las plataformas de streaming no dejan de buscar formas de maximizar el azúcar digital del producto, el dinamismo, para que no te aburras nunca.
Como decía al principio, esto no se trata de criticar a Apple Music. He descubierto buenas canciones gracias a su algoritmo y también me encantan las emisoras temáticas que ofrecen. Pero siempre hay que plantearse cuál es la filosofía, si es que la hay, detrás de cada aparentemente inocua nueva funcionalidad que lanzan. Todo va encaminado a la eliminación del roce, la reducción de la fricción. Pero como ya alertan multitud de pensadores, una sociedad sin fricción puede convertirse en una sociedad anestesiada y aséptica.




