backrooms; el horror de Internet
hollywood encuentra un filón en los escenarios malignos surgidos de Internet, tal vez sin darse cuenta de que el horror es la red misma
El otro día vi Backrooms en el cine. La sala estaba bastante llena, y me sorprendió comprobar luego que esta película no quedaba relegada a un pequeño nicho (“El éxito de ‘Backrooms’ dispara la Fiesta del cine a su mejor taquilla desde la pandemia”).
Pensé que la temática de la película sería demasiado weird para el gran público, pero no, parece que casi todo el mundo puede encontrar algo interesante en backrooms. Esto, pese a que seguramente no todo el que entre a la sala sea un chronically online de la vida, o que ni siquiera sepa lo que es Reddit.
Tiene sentido porque, al final, es una película que adopta bien el molde del terror y en ese punto nos encontramos todos, ahora bien, Backrooms (2026) del jovencísimo Kane Parsons es una obra muy especial porque introduce, como pocas veces, el mundo de Internet en el escenario del cine mainstream.
Iré al grano, por eso, si queréis entender mejor antes qué son las backrooms y de dónde surgen, podéis acudir a muchas fuentes para ello, como por ejemplo este artículo de sustrato. Y sobre todo, si no estáis familiarizadxs con el concepto, sí os recomiendo encarecidamente buscar imágenes en Google porque aquí, la estética, es de lo más importante, pero el nuevo estilo que he adoptado para esta newsletter (el ‘solo texto’) me impide colocaros una imagen.
Por mi parte, no recordaré más que el hecho de que esta historia, al menos su núcleo duro y básico, no proviene del propio director, sino de un post en el foro 4chan. Es decir, no solo es una historia que muestra perfectamente qué es (o al menos, qué es en parte) Internet, sino que es una narrativa que nace y se origina en él.
Como bien explica Nando Salvà en El Periódico, las backrooms
“son la metáfora perfecta del mundo 'online': un laberinto lleno de imágenes e ideas a menudo inquietantes y sin sentido en las que es fácil perderse y en las que suelen anidar monstruos”.
Me encantó cómo la película, sin cerrar del todo la idea de qué son o cómo funcionan las backrooms para que cada cual pueda echar mano de su imaginación, sí que adoptó una metáfora psicológica que funciona bien en todos los casos. Las backrooms como un reflejo de los bucles mentales en los que uno entra, ya sean dañinos en un principio o no, y que nos impiden ser todo lo transigentes y adaptables que deberíamos ser, como sabemos, a la cambiante realidad.
El personaje de la psicóloga recuerda al protagonista, su paciente, que no debe quedarse atrapado en un mismo camino que, pese a saber que no conduce a un final satisfactorio, sigue recorriendo porque nuestro cerebro premia lo ya conocido.
«Los Backrooms son el reflejo de nuestro inconsciente»
dice el título de este vídeo.
Ojalá siguiera entre nosotros Mark Fisher para leer en su blog la que seguramente sería la mejor crítica que nadie habría hecho de la película. Y es que, mas allá de la estética Internet (habitaciones contiguas y pasillos que no terminan nunca cual laberinto de hiperenlaces, sin una salida visible como ocurre cuando no podemos dejar de hacer scroll en TikTok o nos volvemos adicto a un agujero negro de Reddit), yo también veo una crítica capitalista inherente al propio concepto del que parte todo.
Y es que la estética primigenia nos recuerda a unas lúgubres oficinas, o a un mal ventilado centro comercial, escenografía propia de Estados Unidos que es difícil imaginar en cualquier otro país (de hecho, con mis amigos nos preguntábamos,
¿cómo se vería una backroom española?).
No hay nada más deprimente y, a la vez, inquietante, que el realismo capitalista de una arquitectura plana, homogénea y funcional, de una oficina que no deja espacio para la duda con los fluorescentes a la máxima potencia, hasta emitir ese atronador pero a la vez casi imperceptible zumbido por el que parece que las luces están a punto de estallar.
Por un lado, backrooms refleja el horror de un Internet que parece reflejar el mundo real pero que, al escarbar lo suficiente, nos damos cuenta que solo responde a sus propias reglas; un mundo propio en el que un glitch de descarga, un código humano erróneo o una interrupción en el flujo de datos enfada a los dioses de los cables, que te castigan con un mapa o con una cara mal renderizada, con un noclip que encierra a tu personaje en un área del videojuego de la que no puede salir, o con un bucle infinito que congela el programa y te impide pasar de pantalla.
Pero por otra parte, backrooms también refleja la inquietante sensación permanente en nuestro subconsciente, de que la cotidianidad en la que vivimos bajo el capitalismo tardío, por mucho que quiera parecerse, no refleja con fidelidad lo que se supone que debería ser el mundo real.
«Comida industrializada y tomates genéticamente modificados intentan imitar lo máximo posible el sabor real de las frutas y hortalizas»
Muebles de Ikea dotan a una casa que no puedes pagar del aspecto que se supone que ha de tener un hogar, pese a que probablemente el área en la que comes y duermes cada día ni siquiera sea de tu propiedad, sino de tu casero, que en cualquier momento podría asomar por la puerta cual entidad merodeadora de estos cuartos traseros.
Comida industrializada y tomates genéticamente modificados intentan imitar lo máximo posible el sabor real de las frutas y hortalizas. Famosos e influencers en redes y late nights hacen lo posible por aparentar ser humanos corrientes y evocar así la empatía necesaria para que la gente acceda a comprar su producto.
Pero lo que más me gustó era la decisión (aviso, spoilers ahead) sobre qué forma adoptaría el bicho, o el monstruo que, al igual que cualquier otra cinta de terror que se precie, esta película también tiene.
El protagonista trabaja en su propia tienda de muebles, un negocio que, visto lo visto, no le funcionaba bien, y de hecho, por su estatus de divorciado con poco éxito en su vida postmatrimonial, acababa durmiendo en la propia tienda, como si esto fuera un reflejo de la vida moderna que no desconecta del ambiente laboral ni por un segundo.
Por el día, trabaja, por la noche, se acuesta en una de esas camas de exposición que probablemente conserve su etiqueta de precio, y cena mientras ve anuncios y comerciales por la tele. Precisamente, ambos protagonistas (psicóloga y paciente) se anuncian por la tele, y tal y como se ve, ninguno de los dos parece del todo confortable con sus propias emisiones. No son creíbles ni para ellos mismos. En el caso del dueño de la tienda, este adopta un personaje de pirata, con el característico sombrero y el loro de mascota, para vender con simpatía y para toda la familia los grandes descuentos que ofrece.
Finalmente, es una versión agigantada, malformada, bestial y terrorífica de este personaje televisivo el que atormenta (y se acaba comiendo, de hecho) al protagonista que poco antes decía que estaba encantado con las backrooms; que se sentía allí incluso más a gusto que en el exterior y que no quería salir (¿quién no se encuentra más a gusto en Internet que fuera?). Esta decisión creativa me pareció brillante porque es como si el monstruo de la película pudiera haber sido el payaso del McDonald’s, el muñeco Michelin, don Limpio, o qué sé yo.
Y es que,
¿qué es más terrorífico que una de estas personalidades ficticias que poco tienen de humano y mucho tienen de lógica empresarial, fría y calculada?
Un logotipo teñido de color por el mes del Orgullo LGTBIQ+; una foto de stock de un doctor sonriendo en la pared de una clínica privada; el saludo cordial y sonriente con el que te recibe en el establecimiento un trabajador de fast food. Ningún emisor es realmente humano dentro del marketing o la comunicación comercial, mayoritaria en nuestra sociedad. Todo es simulación.
Las otras entidades que vemos en la película son eso, humanos mal fotocopiados, texturas con errores de carga, y con espuma de sillón en el interior. El cuerpo sin órganos. Maniquíes. Restos de humanos de los que solo hemos registrado lo que nos ha dado tiempo en los 4 segundos que hemos visto de ellos en un vídeo de Instagram. No nos ha dado tiempo a asumir la humanidad en ellos mas allá de lo memético.
No obstante, este entorno de atrezo, de papel pintado (recordemos la afamada Willy Wonka experience, que bien podría ser su propia backroom) lo que sí que nos ofrece es comfort, ya que si bien no hay emociones humanas, tampoco hay sufrimiento, porque todo está burocratizado. Hay que ser empático con el protagonista y entender por qué no querría nunca salir de ese lugar. Nosotros también estaríamos encantados de hacer un streaming en YouTube explorando las habitaciones.
Y es que si esta peli nos parece tan original es también porque se asemeja más a un vídeo de YouTube que a una película habitual (tiene sentido, porque la historia ya la había extendido su director años atrás en sus propios cortos en la plataforma). YouTube no solo se ha comido a la TV tradicional, a sus telecincos y antena treses, sino que se está merendando a Hollywood. Ojo a estos dos titulares:
Tal y como recoge Infobae, Hollywood está rastreando Reddit en busca de nuevas fórmulas originales que impulsen la industria, agotada por la sucesión interminable de reboots y remakes que no hacen más que darle la razón a Mark Fisher sobre la incapacidad del capitalismo para generar productos culturales realmente novedosos.
Seguro que hay muchas más ideas buenas rondando por ahí, pero ojo, espero que se den cuenta de que si backrooms ha tenido tanto éxito no es solo porque sea una idea random guay de un tío cualquiera, sino porque detrás de la idea está Internet mismo, que nos engloba, rodea, y nos parece ya más cercano y real que las manidas tramas clásicas del cine made in L.A.
En resumen, creo que los espacios liminales son la hostia, y que lo sobrenatural presente en backrooms es ejemplpo de tecnomística, la magia del siglo XXI. Pero sobre todo, creo que backrooms es realismo capitalista en estado puro. El payaso del McDonald’s te perseguirá infinitamente por tus barrios y vecindarios, sin que puedas escapar. “Ya has estado aquí antes”, y volverás a estar.
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Y con esto y un bizcocho (o tal vez una figura de cartón 3D que se asemeja a uno) os dejo con vuestro rico plato de enlaces:
Cultura
“Si te gusta un programa, debes compartirlo”: el hacker que imaginó un Internet libre antes de que Silicon Valley lo pervirtiera todo - La Vanguardia
Economía digital
Un modelo de negocio que funciona para lxs creadorxs - Marcos García @Substack
El estado de los boletines de pago en 2026 (Inglés) - Beehiiv
Leaving The Times - Kevin Roose
Sector
VRAIN de la UPV destaca la necesidad de combinar esfuerzos y recursos de todos los países de la UE para alcanzar la soberanía tecnológica - UPV
Quién es quién en los ‘MANGOS’, el nuevo club de gigantes tecnológicos que quiere dominar la IA - elDiario.es
Móviles, neveras… y ahora coches. Tesla, BYD y Kia llegan al catálogo de “dispositivos” de Movistar por una cuota fija al mes - Banda Ancha
Privacidad y seguridad
Cómo desactivar la nueva función de entrenamiento de datos de IA de la Búsqueda de Google (Inglés) - Wired
Redes
Delcy Rodríguez da las gracias a Musk por dar acceso gratuito a Starlink tras los terremotos en Venezuela - Europa Press
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