Del technozen a la sobreestimulación: cómo la tecnología solía relajar en vez de esclavizar
Hubo un pasado en el que los aparatos tecnológicos y las consolas de videojuegos tenían una interfaz calmada y agradable, lejos de la presión algorítmica y los modelos adictivos.
Aunque a menudo diseños propios de la Wii o de las primeras consolas Nintendo suelen identificarse como frutiger aero, en realidad se pueden describir de forma más específica como estéticas technozen. A modo de continuación de un post anterior en el que explorábamos el frutiger aero en contexto de la retórica capitalista, vamos a profundizar ahora en el technozen y en cómo ha cambiado la intención de la tecnología en los últimos quince o veinte años.
Qué es el technozen
Antes de empezar, te recomiendo ponerte de fondo la lista de reproducción “The Technozen Aesthetic” para meterte bien en el mood mientras lees esto.
El technozen, tal y como lo define la Aesthetics Wiki1, es una estética basada en la tecnología japonesa de mediados/finales de los 2000, minimalista pero con una búsqueda de la belleza. Es “fría, estéril y de aspecto profesional, y al mismo tiempo, acogedora, amigable y linda”. Se considera un subgénero del frutiger aero, pero diferente por la mayor influencia de compañías japonesas como Nintendo frente a la de Microsoft o Apple.
Así, trata de introducir un concepto zen de serenidad y armonía a la tecnología, resultando en productos funcionales y simples pero bellos, y al igual que ocurre con el frutiger aero, con una gran presencia de los colores verdes, por su paralelismo con el entorno natural, los bosques o la hierba.
“El technozen entiende algo fundamental: no todo lo eficiente es humano y no todo lo humano debe ser optimizado. Por eso, esta estética no grita futuro, lo susurra”, se escucha en el canal Lo Estético Inquieta.
Al igual que ocurría con el frutiger aero, el technozen busca la simplicidad y el minimalismo pero sin renunciar a elementos humanos en el diseño, que proveen de dulzura, tacto o cercanía. Por tanto, se opone al diseño plano que se pondría de moda posteriormente y que buscaría la mayor eficiencia de costes y tiempo.
Al igual que con el frutiger aero, el technozen nos resulta nostálgico y atractivo ahora porque nos recuerda a un Internet pre-algorítmico, donde las redes sociales no canibalizaban nuestra atención y no se había puesto en marcha la enorme aceleración actual para extraer datos y vender publicidad al máximo.
El technozen supone una manera alternativa de concebir la tecnología mas allá de los imperativos capitalistas más extremos e implacables.
Como decíamos, Nintendo y otros artistas japoneses son los más influyentes en esta estética, que también cuenta con un apartado sonoro muy reconocible; precisamente, el de las bandas sonoras de menús o juegos de las consolas de la marca nipona, entre otros.
Aunque las consolas Wii y Nintendo DS son lo primero que nos viene a la cabeza, también entran dentro de esta estética determinados portátiles, como el Panasonic Let's Note, vehículos como el Toyota bB/Scion xB de primera generación, las PDAs (ordenadores de bolsillo), los ebooks de tinta electrónica, el robot Honda Asimo o el perro de juguete Sony Aibo.
A estos ejemplos que provee la Wiki, yo agregaría también el robot Sunny, que aparece en la serie de Apple TV del mismo nombre, así como algunas imitaciones de PCs o PDAs antiguas que aparecen en series de ficción como las de Nickelodeon2 (Zoey 101 o iCarly), donde se veían obligados a simular MacBooks o smartphones para evitar infracciones de copyright.
Aunque estos productos ‘pera’ (en referencia a la manzana de Apple) son mucho más coloridos, también son abultados en tamaño y tienen ciertas decoraciones innecesarias y una apariencia de juguete que les dota de ese halo de inocencia y accesorio, frente al aparato tecnológico completamente sobrio, dictatorial y todopoderoso que supone un iPhone en la actualidad.
La utilización de la nostalgia como droga algorítmica
Antes de avanzar con el technozen, me gustaría comentar cómo la popularización de las estéticas nostálgicas en redes sociales, desde el #dreamcore al #y2kcore, son sintomáticas tanto de una generación que siente el duelo de un futuro robado e irrealizado, como de un sistema de plataformas que se alimenta de esa frustración con el propio sistema capitalista para seguir iterando, manteniendo al usuario apegado al feed algorítmico.
Según el artículo de investigación “Encontrar el futuro en la ruina mediada digitalmente: #nostalgiacores y la cultura algorítmica de las plataformas digitales”3, la “nostalgia algorítmica” es la característica de “una era en la que vivir con una abundancia de medios significa vivir también con una abundancia de pasado”, donde las plataformas digitales diseñan la curación, circulación y de archivos culturales íntimos y públicos.
Así, las plataformas de redes sociales, con un amplio catálogo a su disposición, construyen unos modelos que “estimulan y sintonizan modos cada vez más asociativos y afectivos de experiencia íntima que sustentan nuestro scroll y swipe en el presente”. Y es que, cuando los “participantes conectan su propia experiencia personal con estructuras emocionales más amplias”, las plataformas y su mecánica de scroll infinito consiguen atraparnos en ese mundo perfecto guardado, archivado y disponible eternamente.
“La tecnología y la nostalgia son fundamentalmente codependientes, como escribe Boym (2007): «Las nuevas tecnologías y el marketing avanzado estimulan la nostalgia sucedánea —por las cosas que nunca pensaste haber perdido— y la nostalgia anticipatoria —por el presente que se desvanece con la velocidad de un clic…». Esta nostalgia anticipatoria es fundamental para la lógica de las plataformas comerciales que priorizan la circulación de la atención, suspendiéndola en el flujo del feed. Nuestras expresiones nostálgicas están entrelazadas con la arquitectura algorítmica de las plataformas digitales”.
Estamos hablando de un peligro: el de que el suministro inagotable de recursos nostálgicos por parte de estas redes actúe como propio sedante o anestésico, que impida al espectador luchar activamente por reclamar justicia por ese futuro prometido de bienestar y desarrollo que finalmente fue cancelado por el capitalismo neoliberal.
“Muchos expresan que las imágenes y sus efectos asociados invocan una reflexión crítica sobre el futuro ausente del capitalismo contemporáneo: una nostalgia reflexiva”. […] ¿Podrían estas reflexiones críticas ser simplemente más «charlatanería», datos para un sistema algorítmico que metaboliza incesantemente toda la expresión humana (Dean, 2010)?”.
Las redes sociales pueden canibalizar ese descontento, volviéndose mas fuertes por el camino, mientras nosotros nos refugiamos en espacios digitales sin recurrir a la movilización real. Internet es capaz de “neutralizar las energías insurgentes de la juventud”, al ofrecer una vía de escape al propio descontento que suscita la información que provee.
Información en forma de imágenes, vídeos y sonidos de hace dos décadas, en los que se percibía una relación con la tecnología completamente diferente: más sana y calmada, en la que los humanos usaban sus aparatos para fines claros, en lugar de ser ellos usados y esclavizados por los aparatos.
Los robots de piezas tochas, abultadas, torpemente grandes, así como el propio diseño de los personajes Mii de Nintendo, con formas circulares que resultan inofensivas en el contacto con el otro, muestran una idea de lo digital no dañina, sino complementaria y sujeta a la vida real.
Ahora, en su lugar, la realidad virtual se come a la física. En vez de adorables perros robots, convivimos con drones de combate mortales con lanzallamas. En vez de interfaces respetuosas y espaciosas, tenemos publicidad intrusiva y pantallas ultranítidas con las que ver degollamientos en alta definición.
Tanto en la investigación antes citada, como en el artículo “Paradas en Internet: YouTube como lugar para reimaginar el tiempo social con nostalgia”4 se menciona al teórico Mark Fisher y, en concreto, su libro sobre la hauntología.
Tanto en el contexto de frutiger aero como del technozen, nos encontramos ante una nostalgia por un futuro cancelado, que nos sobrevuela como un fantasma, un espejismo de lo que podría haber sido pero nos fue arrebatado. Arrebatado por un sistema que prima la máxima extracción de beneficio a costa de fomentar una relación con la tecnología en la que esta ejerce un papel dominante, tanto sobre nosotros como sobre el medio natural, a través de contaminantes centros de datos o de relojes inteligentes adheridos siempre al sujeto como una sanguijuela.
Technozen como cura al diseño oscuro de interfaces y algoritmos
Dicho todo lo anterior, podemos proponer una forma positiva de observar el technozen, como filosofía a la que podrían adherirse los ingenieros de la actualidad para crear una tecnología más sostenible y sana, en respuesta a una demanda ya existente por gadgets que respeten el tiempo del usuario (véase la moda de los dumbphones5).
Según la Wiki, la filosofía del technozen puede incluir:
“Un rechazo a los monopolios de las grandes tecnológicas modernas, los algoritmos y el uso excesivo de internet. Technozen favorece dispositivos útiles, fáciles de usar, pero autónomos, que otorgan poder al usuario en lugar de ejercerlo sobre él”.
Asimismo, y “a diferencia del Solarpunk, Technozen no es anticapitalista y está abierto a personas de diversas tendencias políticas, siempre que se preocupen por el medio ambiente”.
Como se dice en el canal Lo Estético Inquieta, “cada vez más, diseñadores, arquitectos y creativos buscan hacer tecnología que no abrume, que no acelere, que no explote la atención. Porque el verdadero lujo hoy, es la calma”.
Así, el technozen podría ser un estilo que veamos más en el futuro si el mercado sigue expresando una demanda de tecnología lenta y respetuosa, construida con garantías de sostenibilidad (como los smartphones de Fairphone). De hecho, algunos productos modernos como los e-readers, smartphones como el Offone o el Light Phone, o tablets Android con pantalla de tinta electrónica o en blanco y negro ya se ajustarían a esta corriente.
“Tech in Nick Shows You Wish Were Real 📱 Zoey 101 Tek-Mates to Victorious Pear Phones”.
Finding the future in digitally mediated ruin: #nostalgiacores and the algorithmic culture of digital platforms. https://journals.sagepub.com/doi/epub/10.1177/13548565241270669
Internet pitstops: YouTube as a place for reimagining social time with nostalgia. https://journals.sagepub.com/doi/epub/10.1177/0961463X251358588
Qué son los ‘dumbphones’, los ‘teléfonos tontos’ que ganan adeptos. https://www.uoc.edu/es/news/2024/que-son-los-dumbphones-telefonos-tontos-que-guanan-adeptos














