Él estaba tumbado en la cama, encerrado en su habitación con las persianas bajadas, como había estado los últimos cinco años. Estaba viendo un vídeo en YouTube sobre un juego, un videojuego para ordenador que recordaba vagamente de su infancia, en el que nunca llegó a saber desenvolverse y acabó desechando para cambiarlo por algo de Nintendo, seguramente. El gameplay que estaba viendo le dio ganas de volver a jugarlo, porque si bien no recordaba mucho, sí que le venía a la mente el aura de misterio que emanaba de ese juego de mundo abierto y modo online masivo, en el que era posible hablar con otros jugadores para ayudarse a resolver los puzles.
Se levantó de la cama con desgana, y con un dedo de su pie descalzo encendió la torre del ordenador. Iba en pijama, pero estar fuera de la cama le daba frío, así que se puso una sudadera encima. No era lo más higiénico, pero nada en su habitación lo era, desde hacía mucho.
Buscó en Internet cómo descargar el juego, y para su sorpresa, se encontró con grandes dificultades para encontrar el archivo. Era como si el videojuego hubiese desaparecido de la faz de la tierra. Le extrañó mucho, así que volvió a YouTube para revisar la caja de comentarios del vídeo. Resulta que estaba desactivada, y tampoco había ninguna información en la descripción del vídeo. El chico que narraba el gameplay, que no enseñaba la cara en ningún momento, tampoco decía de dónde descargarlo. El vídeo empezaba con su personaje ya situado en el mundo virtual, y acababa aún dentro del mismo, tras completar una misión a la mitad. Entró en el canal y vio que todos los vídeos subidos pertenecían al mismo juego, pero ninguno de los títulos sugería un tutorial sobre cómo descargarlo.
Los vídeos no tenían muchas visitas, y los títulos de algunos de ellos eran solo lo que parecían números al azar. Volvía a estar en el lado raro de Internet, supuso, aunque en realidad, lo raro era que saliese de él en algún momento, ya que hacía tiempo que no gastaba su tiempo en las redes sociales convencionales ni en las portadas digitales de ningún periódico.
Encontrar el juego se tornó un reto personal, y por fortuna, él sabía que tenía recursos para, al menos, intentarlo. Sabía cómo conectarse a la Deep web, así que en seguida entró a páginas poco conocidas en las que había repositorios de videojuegos y softwares antiguos de todo tipo. La única pista que tenía era el nombre: Best Outcome. Aparte de eso, solo una ligera idea del año de desarrollo. Probablemente principios de los 2000.
La luz blanca de la pantalla iluminaba su cara algo grasienta, y se convertía en su única ventana al mundo en una habitación en la que nunca entraba la luz del sol. Se sintió frustrado al buscarlo incesantemente y, enlace tras enlace, no encontrar una fuente de descarga. Estaba empezando a tener que sortear webs con contenido oscuro que había aprendido a evadir cuando su madre golpeó tres veces su puerta. Sabía que era su madre porque era la que daba siempre tres golpes antes de entrar en su habitación cuando era pequeño, a diferencia de su hermana menor o de su padre, que se tomaban más confianzas pese a la molestia que esto le generaba a él, tal y como se lo hacía saber. Bueno, por eso y porque nadie más tocaba su puerta desde hace mucho.
Dejó esperar un par de minutos, el suficiente para que se le enfriase la comida, ya que no le gustaba quemarse la lengua, y abrió la puerta muy poco a poco, encorvado, y se agachó para coger el plato de sopa de miso que había sobre una bandeja en el suelo. Arrastró la bandeja hasta dentro de su cuarto y volvió a cerrar la puerta sin mirar al otro lado del pasillo.

