El épico director Ryan Murphy, creador de obras maestras contemporáneas y pilares de la cultura queer como American Horror Story o Glee, y de otras piezas menores pero icónicas como Scream Queens o Pose, ha conseguido un nuevo hito: estrenar la “peor serie de la historia”.
Bueno, esa es solo la forma de la que algunos medios la han calificado. Probablemente, demasiado sensacionalista. Es cierto que hasta hace poco tenía un 0% en Rotten Tomatoes (ahora ha alcanzado un 5%), y que las críticas en la prensa especializada estadounidense son cómicamente terribles.
El rostro tallado en roca de Kardashian destroza la serie
Como suele ocurrir, un 0 de la crítica no implica que no haya gente viéndola. All’s Fair ha conseguido el mayor estreno de una serie para Hulu en tres años. Al momento de escribir esto (10 de noviembre) solo se han publicado los tres primeros capítulos. Al igual que mucha otra gente, no creo que vaya a ver los siguientes.
Aun así, tengo que romper una lanza a favor de Ryan Murphy, porque aunque la gente no da crédito a cómo nombres tan importantes como Naomi Watts o Sarah Paulson hayan aceptado aparecer en semejante bodrio (porque sí, la serie es mala), yo creo que All’s Fair sigue cumpliendo su propósito.
Alguien en Twitter la ha tildado de “fagslop” (basura de inteligencia artificial para maricones). Cuando leí este término me descojoné.
A ver, la serie es una mierda porque la trama, si la hay, es aburrida y perezosa, y sobre todo, porque Kim Kardashian es la protagonista principal y sus dotes interpretativas brillan por su ausencia. Más bien hablamos de una serie coral, pero es cierto que a la cara de Kim Kardashian le cuesta salir de la pantalla. Y su rostro se nos queda grabado en la mente, sobre todo porque siempre es el mismo. Inmutable. Persistente. Como una escultura.
No sé qué operaciones, bótox o qué historias tendrá Kim en la cara. Tampoco sé si es el relleno plástico lo que le impide gesticular o es su personal inexpresividad la culpable. La serie está parcialmente producida por Kim y por su madre, Kris Jenner, y no sé cómo queda el porcentaje de dinero de sus bolsillos en el mix, pero realmente parece que hay alguien amenazando a Murphy al odio constantemente para no dejar de enchufar a la estrella de realities.
Jugando con muñecas
También leí a alguien en X diciendo que la serie parecía ser Ryan Murphy jugando con muñecas, o sea, con mujeres ricas y polioperadas de mediana edad a las que ha vestido de marca en un show que parece más un anuncio de moda que una ficción televisiva.
A mí en parte sí que me ha gustado la serie, pero porque es una fantasía plástica digna de ser la peor pesadilla de David Foster Wallace, y la mejor broma pesada de un director autoconsciente amante del trash y visionario de la estética homosexual.
Algunos vestidos en tonos pastel podrían ser un cuadro californiano de David Hockney, y muchas escenas harían el menú cinco estrellas para una sesión de cringe watching de Soyunapringada.
La serie no pretender ser otra cosa. Es la plasticidad de rostros perfectos editados por el dinero de sus propietarias. Es la defensa de la cirugía estética (en una escena los personajes defienden que una mujer debería poder hacer lo que sea que sirva para hacerla sentir un poco mejor). Es el regocijo en el vacío físico/estético de las mansiones de Los Ángeles y del vacío de sentido del contenido TikTok.
Yo me la he visto, sobre todo, por Sarah Paulson, aunque para mi desgracia sale mucho menos de lo que me gustaría. En su lugar, tenemos la impasible cara de Kim, incapaz de hacer una mueca de tristeza o rabia pese a que el guion la hace pasar por calamidades tales como un divorcio o una infidelidad.
Defendiendo que estamos en la era del consumo irónico, entiendo que mucha gente haya salido en defensa de Murphy asegurando que la serie no es tan mala; que es lo mejor para un rato de desconexión placentera, el producto perfecto para el consumidor irónico que celebra el despropósito porque observa el caos desde la distancia. Contenido para ver en un avión o para dormir la siesta.
Para mí es otra joya camp del director al puro estilo Scream Queens, aunque hay quien ha salido a recordar que no porque algo sea camp significa que sea bueno. A mí me parece bueno porque rechaza de forma activa cualquier decisión buena. O sea, desde el guion hasta la puesta en escena es vacía, y para que algo sea tan vacío, hay que hacerlo aposta.
El apartado sonoro también suma. Yo me morí de la risa escuchando esas instrumentales electrónicas sin ningún tipo de personalidad que parecen de stock y que nos recuerdan a cualquier peli de Antena 3 a la tarde.
Ryan Murphy sabe lo que hace, y siempre será famoso en mi corazón, porque es un crack consiguiendo ese cheque en blanco para divertirnos un poco a todos. Algunos le han acusado incluso de machista, por mostrar una visión reduccionista de la mujer, pero ante esto yo me pregunto, ¿es que acaso las actrices de primera división involucradas habrían aceptado sus roles si pensaran que hay algo de retrógrado en la serie? ¿No es más machista pensar que las actrices han caído en una especie de trampa, como si no supieran desde el principio que Kardashian sería prota? Yo tiendo a pensar que sabían perfectamente lo que hacían.
Yo creo que ellas entienden los códigos de Murphy, y que están encantadas de sumar a su filmografía su participación en la “peor serie de la historia”. Un auténtico hito en sus curriculums. Porque no es la peor serie de la historia, sino la peor serie de Ryan Murphy, y por tanto, la serie más meta del director al no solo fingir ser mala, como de costumbre, sino serlo realmente.
Kim Kardashian abierta de piernas en una sala de hospital
La escena final del episodio 3 te da el mayor motivo por el que darle una oportunidad. No consideraré esto un spoiler porque, en esta serie, la trama importa una puta mierda.
Kim Kardashian acude a una clínica de fertilidad para inseminarse con unos óvulos fecundados congelados hace unos años. La cámara se aleja y vemos a la hija pródiga del clan K despatarrada, mirando hacia arriba con la misma cara con la que friega los platos, en ese entorno frío, artificial y desangelado de una sala de hospital.
La serie celebra eso, un mundo de ricachonas bien vestidas desprovisto de cualquier rasgo de humanidad. Olor a lip gloss y clínica dental. En lugar de la procreación por coito natural, el personaje de Kim acaba sometiéndose a ese procedimiento robótico mientras, en su mente, se imagina que está en los brazos de su amado, tratando de trasladarle al cigoto el amor que absorbería de estar siendo generado de manera orgánica. Esta yuxtaposición de la máquina (Kim) soñando con ser humana me hizo llorar, sinceramente.
Es la filosofía de vida de nihilismo capitalista de la propia Kardashian. Es ChatGPT convertido en el esclavo sexual de un gay. Es fagslop. Es maravilloso.
PD: Encima, hace poco, Kim K. subió un story a Instagram lamentando no haber pasado el examen de acceso a la abogacía (lleva varios años en la uni intentando sacarse el título de Derecho). Aun así, se congratuló de poder fingir ser una en la pequeña pantalla. Creo que a veces, con performar es suficiente.







