Adiós Ibai, hola fondo del mar: cuando la ciencia hizo historia en Internet
Lo ocurrido en el fin de semana del 9 y 10 de agosto es historia de la divulgación científica. Los memes y el humor de Internet convirtieron a estos investigadores argentinos en leyenda del streaming.
No soy un experto en divulgación científica de la biología marina, y por ello simplemente doy un salto de fe afirmando que lo que se ha vivido este inicio de agosto es historia de la difusión de la ciencia en Internet, pero es que, como vamos a ver, motivos no faltan. No habrá sido esta la primera vez que las redes se vuelven locas con contenido científico: imágenes que la NASA haya tomado de nuestra galaxia, meteoritos u otros fenómenos naturales ya se han convertido en memes en muchas ocasiones. Pero, esta vez, no solo se ha consumido de manera temporal un contenido de humor, sino que una investigación científica viralizada ha logrado de verdad capturar por completo la atención y desatar el cariño y aprecio de una enorme cantidad de gente.
¿La causa? Una expedición de un grupo de científicos argentinos en colaboración con la fundación Schmidt Ocean Institute, que tras tener la brillante idea de retransmitir en streaming una inmersión en el talud continental del océano Atlántico, se ha convertido en un fenómeno de proporciones bíblicas que ha llegado a medios y televisiones mainstream por todo el mundo. Y como voy a argumentar, esto no es casual: hay razones culturales y políticas que han ayudado a convertir esto en historia de la divulgación científica latinoamericana, por no decir a nivel mundial.
Si lo que digo les parece exagerado, veamos los datos: más de 70.000 personas conectadas en streaming por YouTube viendo no un gameplay de Minecraft ni una pelea de boxeo, sino una pausada y monótona vista de las profundidades del Mar de Plata. Una cámara integrada en el aparato submarino SuBastian, equipado también con brazos y pinzas mecánicos para tomar muestras del fondo oceánico, permitió a miles de personas de todo el mundo descansar del contenido usualmente dopado y oligofrénico propio de las redes sociales para, en su lugar, relajarse y disminuir la ansiedad con una pieza audiovisual que pocas veces se tiene la oportunidad de ver: una exploración inédita de algo tan desconocido como el espacio un kilómetro por debajo de la superficie del mar.
Peces kawaii, científicos senpai
Eran miembros del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina quienes, en colaboración con la fundación estadounidense, estaban tomando muestras y observando con pasión la riqueza biológica de su territorio oceánico. El hecho de que esta expedición, llamada ‘Talud Continental IV’ se haya viralizado de la forma en que lo ha hecho responde a varios factores: el más obvio, es el hecho de que en la era actual cualquier tipo de imagen o vídeo es susceptible de convertirse en meme, y eso es lo que ha pasado con medusas, pulpos bebé, estrellas de mar culonas o madres crustáceas coraje, que han encontrado un protagonismo digno de cualquier serie de Netflix. Twitter/X se llenó de posts tiñendo de un aura fantástica y surrealista a unos seres que, por lo demás, no tendrían por qué resultarle nada especial a alguien que no haya estudiado biología. Y el que lea esto podrá pensar: sí, se hacen memes de todo, ¿y qué?
Hay más ingredientes que han contribuido a producir este boom mediático. Si uno veía y escuchaba detenidamente el streaming, podía darse cuenta de algo decididamente novedoso. Los científicos, hablando de manera casual y natural con los espectadores así como entre ellos mismos, no solo transmitían con gran belleza su propia pasión y fascinación por lo que estaban teniendo la oportunidad de ver, sino que dejaron caer algunas frases y términos propios de la cultura pop, que no hacían sino encender aún más la mecha viral: uno de los investigadores llamó “kawaii” a una de las criaturas subacuáticas; otro se refirió a un ser como una “pokebola”, y otra explicaba un chiste propio de doctorados nerds en clave de Los Simpson. Creo que sobraban las referencias pop: incluso el conductor del bot hacía “glamcams” de los especímenes capturados, de forma que los sostenía con las pinzas y los iluminaba para que los científicos pudieran tomar fotografías y maravillarse con la belleza del animal. Este momento me recordó a los momentos “glambot” de los Oscars: esos vídeos que todos hemos visto en Twitter en los que un famoso hace una pose estilosa a cámara lenta, con los que personajes como Ariana Grande o Lady Gaga rompen las redes.
Can we make a zoom here?
Yo desconozco si los streamings de la NASA son también tan desenfadados, pero en mi opinión, esta forma de comunicar que era a la vez técnica y cercana lograba suscitar el interés de cualquier espectador, sin importar que la transmisión en sí cumpliese todas las características de lo que consideraríamos aburrido: muy lenta (el robot de exploración no puede correr), monótona (minutos y minutos estacionados en una misma posición del océano para tomar muestras de pequeños organismos), y poco estimulante (los científicos no necesariamente hablaban todo el rato, y la vista del fondo del mar no incluye escenas de acción hollywoodienses).
Y aun siendo así, el streaming logró decenas de miles de espectadores que decidieron pasar tranquilamente el rato observando corales y escuchando la ya transformada en icónica frase: “Can we make a zoom here?” que el equipo del CONICET ya planea en estampar en camisetas. Esta oración, muy repetida cada vez que los investigadores querían observar a un espécimen más de cerca, es ahora un código lingüístico celebrado por miles de personas en Internet: un eslogan que, detrás de lo absurdo, esconde una defensa de la inversión en ciencia y de la pasión más pura.
Si a esto le sumamos que el español es el cuarto idioma más hablado del mundo, vemos que esta retransmisión argentina tenía papeletas para dominar Internet, de forma creciente a partir del inicio de la expedición el pasado 23 de julio, y que terminó el 10 de agosto. Pero hay una circunstancia más que contribuye a dotar a esta misión científica de la épica necesaria para convertir una historia en leyenda: los argentinos encontraron en esta experiencia audiovisual el icono y tótem perfecto con el que defender al unísono la inversión en ciencia en Argentina, en un contexto político desfavorecedor en el que Javier Milei amenaza con retirar fondos que posibilitan a estudiantes de doctorado recibir becas para seguir realizando este tipo de trabajos. Actualmente nos encontramos en un momento oscurantista y anticientífico, en el que no es solo que la ciencia esté infravalorada en las partidas de gasto de varios países, sino que el líder del mundo libre, Estados Unidos, ataca y menosprecia bajo la administración Trump a la investigación científica en pilares como la sanidad o el cambio climático.
Por ello, la pasión por su trabajo transmitida por estos investigadores, en conjunción con un streaming que ayudaba a traducir al lenguaje de las redes algo tan tosco como una exploración científica, ha permitido inspirar y movilizar a multitudes para defender la inversión pública frente a políticas demagogas e ignorantes.
Drama y épica
Toda buena historia necesita su villano, y esta la encontró en Milei. Pero tampoco sería esto suficiente de no contar con buenos personajes, y el streaming los tuvo, tanto dentro del barco como en el agua. Por ejemplo, una langosta madre que atacó con furia el cuerpo metálico del robot para proteger a las crías que aguardaban en su hogar bajo una roca, brindando el momento de tensión y drama. También los propios técnicos del robot submarino, como Mike, se convirtieron en personajes de los que la gente quería saber más, incluso sin conocer sus caras. Gracias a las constantes referencias que hacían los científicos a las dotes de Mike recolectando muestras del fondo, los espectadores cogían cariño al humano invisible que controlaba ese monstruo metálico que veíamos en pantalla. Y por supuesto, el amor a los océanos transmitido en los comentarios de Nadia “Coralina” la han convertido en streamer de culto, generando perfiles en medios de comunicación1. Los edits en X, que ponían música de Radiohead sobre un corte de un pez, hicieron el resto. En la caja de comentarios en directo, los nuevos fans traducían al diccionario pop los hallazgos biológicos: “Who is that diva?” preguntaba alguien acerca de un colorido pez. “Un cangrejo drag”, comentaba otro.
Uno de los espectadores resumió una de las razones por las que muchas personas cogieron tanto cariño al streaming:
“La capacidad de maravillarnos nos une como humanidad. Algunos habíamos olvidado la ternura y la inocencia entre tanto mensaje de violencia últimamente. Estras transmisiones nos devuelven algo primordial” - Ceci G
El CONICET no ha inventado nada haciendo streaming en directo de una exploración científica. Tal cosa ya se viene haciendo desde hace tiempo, y de hecho organizaciones como la NASA cuentan con sus propios canales de Twitch. No obstante, el contexto político y el carácter cercano de los investigadores posibilitaron que esta pieza audiovisual se convirtiese en algo mucho más grande. El fenómeno fan llegó a tal punto que tuvieron que emitir un comunicado pidiendo por favor que no se acudiese al puerto a recibirles, para no causar demoras en el trabajo.
En las últimas horas del streaming, los científicos, conscientes y abrumados por la enorme reacción en redes, compartían emotivos mensajes de despedida. Celebraban haber tenido la oportunidad de inspirar a miles de niños y jóvenes a estudiar biología; defendieron la educación de las universidades públicas argentinas y limpiaron muchos ojos, manchados de contenido algorítmico e influencers barato, con una fascinación pura por la naturaleza de nuestro planeta. Un auténtico encantamiento digital que, en el mejor de los casos, habrá marcado un hito en la divulgación científica en Internet. Muchos usuarios ya se han anotado las fechas de próximas incursiones que también serán retransmitidas, y aunque tal vez las redes no vuelvan a volverse tan locas, los investigadores ahora tienen más pistas sobre lo que hace falta para divulgar: transmitir pasión de forma directa y establecer canales directos de comunicación con esa comunidad de ciudadanos, aficionados y curiosos dispuestos a defender la inversión pública en ciencia.
“El stream del fondo del mar es un éxito no solo por lo novedoso y por la calidad de los científicos argentinos, sino porque pone de manifiesto que somos un pueblo de prácticas comunitarias, de festejar lo colectivo. Por eso nos es tan ajena esta cultura libertaria impuesta”. - @matiasoberlin en X.
Quién es Nadia “Coralina”, la bióloga del Conicet que conquistó las redes desde el fondo del mar, en https://www.eldiarioar.com/sociedad/nadia-coralina-biologa-conicet-conquisto-redes-fondo-mar_1_12510153.html










