Y resulta que los mayores expertos en inteligencia artificial son poetas
Una reflexión sobre la experiencia en el campo humanístico de varias importantes figuras en la industria del desarrollo de software.
A principios de febrero, dos importantes profesionales de empresas tecnológicas de inteligencia artificial renunciaron a sus empleos. Estaba buscando la forma de abordar estas noticias, muy comentadas en redes, y mientras trataba de encontrar un enfoque más original con el que aportar algo distinto de lo que ya han dicho el resto de medios, me topé con una idea interesante.
Resulta que hay una conexión sugerente entre los dos trabajadores del campo de la IA que han anunciado públicamente su dimisión. Ambos son poetas.
Por un lado, el ingeniero informático Mrinank Sharma anunció su dimisión en X el pasado 9 de febrero. Sharma trabajaba en Anthropic haciendo que su modelo de IA, Claude, respetase unos límites éticos que impidiera a otros aprovecharlo para, por ejemplo, fabricar armas biológicas.
En la carta, Sharma desvelaba no solo su faceta como poeta, sino también como allegado a filosofías espirituales como la del budismo Zen. Esto es así porque en su carta, viral en X con más de 6.000 reposts por su tono apocalíptico, aparte de contar que iba a retirarse de la sociedad por un tiempo para escribir poesía, Sharma citó un proverbio Zen, “no saber es lo más íntimo”, para expresar la aceptación de su futuro incierto.
El ingeniero, graduado de Cambridge y Oxford, cerró la carta con uno de sus “poemas favoritos”: The Way It Is, de William Stafford. Otro de sus poetas preferidos es Rainer Maria Rilke, tal y como cuenta en su web personal.
Pero ojo, porque su gran pasión por las humanidades no solo se materializa en su decisión de retirarse para escribir y estudiar poesía. Precisamente al entrar en su web personal, descubrí que Sharma es también DJ, practicante de la meditación trascendental y de las enseñanzas de Buda, especialmente de las virtudes Brahma. También colabora en una Dharma House, un “hogar de intención” en las montañas Berkeley Hills, en California, un lugar destinado a fomentar y nutrir “la verdad, la belleza, y la bondad”. Asimismo, se declara seguidor de las enseñanzas del músico y meditador Rob Burbea1.
Un perfil personal, desde luego, bastante curioso en comparación con el estereotipo de nerd tecnológico sin vida interior que muchas personas personas tienen en mente cuando piensan en Silicon Valley.
Pues bien, la otra protagonista de esta historia es Zoë Hitzig, doctora en Economía por la Universidad de Harvard, anunció que el lunes 9 de febrero había dimitido como investigadora científica en OpenAI (creadora de ChatGPT), donde trabajaba desde 2024.
Hitzig también dotó de cierta épica su salida de la empresa, que recordemos es una de las más valoradas del mundo en la actualidad. Si bien el de Anthropic optó por publicar una carta donde sentenciaba de forma peliaguda que “el mundo está en peligro”, Hitzig se despidió con un artículo ni más ni menos que en el New York Times, con el título: “OpenAI está cometiendo los mismos errores que Facebook. Dimito”2.
Si bien su reflexión no fue tan dramática como la de Sharma, versando más sobre la decisión de OpenAI de introducir publicidad en su IA, estas dos dimisiones (unidas a otras que se llevan sucediendo desde hace tiempo) tienen a todo el mundo confuso y con mucha expectación, preguntándose qué es lo aterrador, cuál es el fantasma, que personas como Sharma han visto. ¿De verdad será tan grave la destrucción de empleo? ¿Hay algo genuinamente malévolo en la IA tal y como se viene desarrollando?
Por lo general, los medios analizan la situación por el lado de los peligros oscuros de la IA que estos investigadores han percibido y de los que el resto de los mortales no somos conscientes aún, mantenidos en la ignorancia por los señores tecnofeudales.
Y por supuesto, esta es una lectura muy interesante, pero, ¿y si vamos más por el lado de que ambas de estas figuras en empresas punteras combinaban sus facetas técnicas con la de poetas?
Humanidades vs STEM: Endgame
Vamos a añadir a la historia otro elemento: resulta que la boyante industria de la inteligencia artificial está poblada de graduados en humanidades. Alex Karp, el actual CEO de Palantir, la empresa de inteligencia estadounidense que está siendo muy criticada por el uso de tecnología contra civiles, tiene un doctorado en filosofía. Por otro lado, Daniela Amodei, la cofundadora de Anthropic, otra de las empresas más punteras en IA junto a OpenAI, es graduada en literatura.
Y ojo, que Amodei fundó Anthropic junto a su hermano, quien sí tiene formación técnica siendo doctor en biofísica. No obstante, la pasada semana, unas declaraciones de Amodei volvieron a prender el eterno debate de humanidades vs ciencia y tecnología en redes. En una entrevista con ABC News, la empresaria aseguró:
“De hecho, creo que estudiar humanidades será más importante que nunca. Muchos de estos modelos son muy buenos en STEM. Pero creo que esta idea de que hay cosas que nos hacen singularmente humanos, comprendernos a nosotros mismos, comprender la historia, comprender qué nos motiva, siempre será fundamental. Y creo que la capacidad de desarrollar habilidades de pensamiento crítico y aprender a interactuar con otras personas será más importante en el futuro, no menos”.
Como apunta Jason Ma en Fortune3, son varios los líderes tecnológicos que han destacado la importancia de las soft skills y las humanidades en el mundo post-IA, frente a la común concepción opuesta que existe sobre el asunto.
“Ginni Rometty, CEO de IBM, declaró a Fortune en 2023 que, cuando la IA generativa se integre plenamente en la fuerza laboral, priorizará habilidades como la colaboración, el juicio y el pensamiento crítico.
Y Satya Nadella, CEO de Microsoft, afirmó en noviembre que, a medida que la IA asume más tareas analíticas y técnicas, la inteligencia emocional y la empatía cobran cada vez mayor importancia”.
En España, entra en el debate, por ejemplo, el filósofo Máximo Gavete, que trabaja como diseñador de UX en Uber, sirviendo de ejemplo de ese perfil humanístico fichado por una tecnológica en España.
Este debate en redes se convierte en una guerra de dos trincheras en las que los programadores e ingenieros se ríen de comentarios así, dado que ChatGPT es perfectamente capaz de redactar un artículo periodístico o de escribir una poesía, mientras que los graduados en las denostadas carreras de Humanidades se burlan de cómo la IA es capaz de generar código en cualquier lenguaje programación mejor y más rápido de lo que lo hace un humano.
Una pelea por ver a quién le quitará el trabajo la IA antes (aunque al final se lo quitará a ambos).
Más allá de esta lamentable anécdota, me pregunto qué podemos pensar del hecho de que tantos influyentes expertos en IA sean, al final, poetas ellos mismos.
El fantasma en la caja fue siempre el lenguaje
Le pregunté a ChatGPT si podía darme mas ejemplos de perfiles similares a los de Hitzig y Sharma, y vaya si los hay.
Allison Parrish: programadora, poeta y diseñadora de videojuegos, es profesora adjunta de Artes en el Programa de Telecomunicaciones Interactivas de la Universidad de Nueva York. Fue nombrada “Mejor Creadora de Bots Poéticos” por el Village Voice en 2016.
David Jhave Johnston: graduado en Ingeniería Informática, doctor en Humanidades Interdisciplinares, es un poeta, videógrafo y artista de gráficos en movimiento canadiense, que trabaja en el departamento de Investigación en Arte en la City University of Hong Kong.

Con la mención de estos perfiles quiero decir, por un lado, que mientras unos se tiran trastos los unos a los otros en Twitter intentando burlarse de quien tiene la carrera universitaria mas inútil, otras personas ahí fuera son, de hecho, inteligentes y capaces de sacar provecho a ambas disciplinas para crear arte e innovación en ambos campos (han experimentado con la literatura electrónica, con la generación de poesía mediante IA, etcétera).
Por otro lado, creo que esto ayuda a ilustrar que parte fundamental de la inteligencia artificial radica, de hecho, en el lenguaje, más allá de la computación y las matemáticas. Hay un fantasma en la máquina: el lenguaje, que expertos como los mencionados al inicio del artículo han explorado tanto en su forma más humana, la poesía, como en su versión más artificial. La inteligencia artificial, con su intrínseca probabilidad de error y elemento aleatorio, imita al arte.
Que la informática puede contemplarse desde un punto de vista artístico no tiene nada de nuevo. Algunos autores comparan Internet a una suerte de micelio artificial que, en imitación a las redes de los hongos, es capaz de conectar espiritualmente a toda la humanidad.
Luego está el caso de la escuela de programación internacional 42 (de la que soy alumno). Uno de sus cofundadores, el ingeniero y físico Nicolas Sadirac, quien en una entrevista4 aseguró que conciben 42 más bien como una “escuela de arte”, ya que la programación es más arte que ciencia, opina.
Actualmente la escuela 42 sigue proyectando esta filosofía de apertura a personas provenientes de cualquier disciplina, asegurando que algunos estudios5 apuntan que estudiar un lenguaje de programación se asemeja más a aprender un lenguaje humano como el alemán o el francés que a matemáticas avanzadas.
Volviendo a Sharma y a Hitzig, tal vez parte de su habilidad radique en ser capaz de vislumbrar el fantasma en la máquina gracias a su cercanía al lenguaje. Según esta idea, podríamos pensar en ellos como en la lingüista que protagoniza la película Arrival, donde le encargan la tarea de interpretar el lenguaje alienígena, a primera vista, totalmente incomprensible por el humano.
Hace poco se viralizó un vídeo en TikTok de una joven periodista española (@azuleshilo) que aseguraba haber descubierto el gran problema de la época actual, el que puede explicar desde el auge de la extrema derecha hasta el aumento de la desigualdad económica:
“Es por el lenguaje […] Cuanto estamos estudiando a Marx y hablamos de riqueza, el concepto que Marx tiene de riqueza cuando escribe El Capital y el concepto que tenemos nosotros no es la misma palabra. No es la misma acepción. Es como si yo te estoy hablando de una mansión y tú estás entendiendo una tienda de campaña […] Lo que pasa es que el lenguaje está totalmente desfasado, y la gente mala del mundo se está aprovechando de este desfase entre lo que las palabras han significado y lo que significan ahora. Nos faltan palabras. Nos falta una palabra que defina la riqueza de Elon Musk. Que tenga una gravedad suficiente para que tú la digas y se comprenda lo que está sucediendo”.
Su interesante reflexión ha generado más de 60.000 likes y 1700 comentarios en TikTok, y muchos usuarios apoyan la idea de que hacen falta muchas nuevas palabras para, en definitiva, ayudarnos a comprender la gravedad de los destrozos que el sistema capitalista genera en el planeta.
Ahora, retomando la idea central y concluyendo: existe una fuerte conexión entre lenguaje y máquinas, y tal vez la enorme revolución de consecuencias potencialmente negativas que algunos científicos de IA parecen advertir, pasa por ese lenguaje, que las máquinas tan rápidamente parecen estar aprendiendo a dominar, sin que necesariamente este vaya emparejado a un buen razonamiento detrás.
Tal vez, una huida al hogar del lenguaje humano frente a la inminente colonización de nuestras mentes por el capitalismo que dispone ahora de voz propia
La lucha entre STEM y Humanidades no tiene sentido. Ambas disciplinas deben cooperar si lo que se busca es un futuro próspero, y es por ello que algunas universidades ya ofrecen programas interdisciplinares6. No sé si realmente hay algo terrible por venir a causa de la IA. También dudo de si estas salidas espectacularizadas y hechas públicas por parte de ingenieros de grandes empresas no son en parte movimientos de autopromoción y de branding personal, engrandeciendo sus figuras en preparación a jugosos aumentos salariales en futuros roles.
La carta de Sharma tiene un tono tenebroso, dejando ver su preocupación por el futuro, pero sin explicitar qué es aquello que se avecina y para lo que se preparará escribiendo poesía y meditando al margen del sistema. Tal vez, una huida a la fuente del lenguaje más puramente humano que supone la poesía frente a la inminente colonización de nuestras mentes por el capitalismo que dispone ahora de voz propia con la que convencernos. O incluso, el rechazo completo del lenguaje, herramienta fracasada, que facilita la meditación.
“OpenAI Is Making the Mistakes Facebook Made. I Quit”. https://www.nytimes.com/2026/02/11/opinion/openai-ads-chatgpt.html.
“Anthropic cofounder says studying the humanities will be more important than ever and reveals what the AI company looks for when hiring”. https://www.msn.com/en-us/news/technology/anthropic-cofounder-says-studying-the-humanities-will-be-more-important-than-ever-and-reveals-what-the-ai-company-looks-for-when-hiring/ar-AA1VT8EU.
“A free, teacher-less university in France is schooling thousands of future-proof programmers”. https://qz.com/1054412/a-french-billionaires-free-teacher-less-university-is-designing-thousands-of-future-proof-employees.
Q&A: UW research shows neural connection between learning a second language and learning to code. https://www.washington.edu/news/2024/04/23/qa-uw-research-shows-neural-connection-between-learning-a-second-language-and-learning-to-code/.
“HACKED: Rice’s humanities scholars explore why AI cannot be left to technologists alone in new discussion series”. https://news.rice.edu/news/2026/hacked-rices-humanities-scholars-explore-why-ai-cannot-be-left-technologists-alone-new.









En mi experiencia, con LLMs cierto nivel de metacognición es requerido si se les quiere sacar provecho. Y como bien decís, uno está en pleno campo del lenguaje acá. Todavía no se conceptualizarlo bien, pero de que existe cierta relación entre ser creativo al promptear y tener una buena formación en humanidades no me caben muchas dudas. Saludos.